jueves, 27 de noviembre de 2014

FLORIANO Y EL FUEGO Y MONAGO Y LA VELOCIDAD

Desde hace algunos meses nos preguntábamos algunos extremeños sobre la pulcritud de nuestra autonomía en términos de escándalos sobre corrupción a escala nacional. 

Nuestra comunidad copaba algunas páginas de los diarios nacionales bajo las tonterías recurrentes de uno de nuestros paisanos más desafortunado en materia político-pirotécnicas.

Nuestro sucedáneo de Prometeo es el "mediático" Carlos Floriano.

Tras intentar robar el fuego para poner su calcinada mano sobre el mismo, ha quedado patente, gracias al auto del juez Ruz, que el político extremeño ha perdido dicha mano hace tiempo:


Con su mano sana, hasta el momento, bien podría teclear en Internet "su nombre" y "fuego" para comprobar aquella otra bravuconería donde se le adivina el poco aprecio que tiene por sus manos o la carencia absoluta de un mínimo sentido común:


Tras estas mamarrachadas impropias de la gente de nuestra tierra, otros extremeños desde la lejanía defendían la quietud aparente con que se desarrollaban los asuntos internos pero, y aquí saltó la liebre, apareció Monago, Presidente de la Junta de Extremadura, y sus fluctuantes viajes a Canarias que pusieron sus buenas expectativas electorales en cuarentena. 

Un fuego tan grande necesitaba de una gran estrategia y, esto último, nunca se llegó a producir.


Pensar que a algunos de los que vivimos fuera se nos va a convencer de que los dos millones de euros que se van a recaudar por la venta de la residencia oficial del Presidente de Extremadura es soñar.

¿Qué coño tendrá que ver el tocino con la velocidad?, podría exclamar cualquier extremeño desde la distancia.

Aparentemente nada pero, y aquí se puede profundizar en sus inferencias, la velocidad, como táctica de respuesta en un intento de despistar, puede estar relacionada directamente, no ya con el tocino sino con otras partes más magras como los chorizos.

En este entramado comunicativo se debe destacar que los extremeños nos solemos vanagloriar de tener "el pico" muy fino y saber distinguir un buen jamón de bellota de un jamón "a secas".

Por todo esto es muy probable que en dicho intento de "cortina de humo populista", la gente haya descubierto que el anuncio de venta del palacio ha quedado muy bonito pero que lo que quieren saber es lo de Canarias.


Entre tantos kilómetros que nos separan de nuestra tierra y la ingente cantidad de sandeces que "nos vemos obligados" a escuchar a través de los medios de comunicación solo cabe una última reflexión: 

Independientemente de que se sea partidario de su políticas o no, ¿hay algún paisano o paisana que no sienta vergüenza ajena, y hasta propia, cuando ve como nuestra imagen de pueblo luchador y honesto se ve completamente atropellada por estos personajes de lo público y lo privado?



miércoles, 26 de noviembre de 2014

CUENTO: "MARIANO, LOS LOBOS, EL SEPRONA Y LA CABRA"

"Hace poco tiempo un pastor llamado Mariano se jactaba de oír entre los pastores de su pueblo que el lobo feroz vendría pronto y acabaría con su rebaño.

Mariano, feliz en su inopia, desatendía todas los voces y solo se fiaba de su nefasta intuición. "No os preocupéis por estos lobos que aullan mucho pero poco morderán".

El Seprona, por aquellos entonces, sacó un censo de lobos en el territorio y lo pasó a Mariano y Al resto de pastores. Uno de ellos, el más letrado, cogió su zurrón y nunca más se le vio.




Los días pasaban y los lobos y los agentes del Seprona se multiplicaban de manera inusual. 

Los pastores intentaban convencer a Mariano de que aquella situación se estaba complicando en demasía.

Mariano, pastorcillo poco dotado intelectualmente y vergonzoso hasta tal punto de hablar con sus compañeros una ubre de cabra mediante, para esconder su rostro, exclamó que los lobos jamas llegarían al chozo de los pastores. La intranquilidad era tan manifiesta que Mariano se vio obligado a convocarlos a una reunión para establecer un plan. "Mañana (1) os contaré qué vamos a hacer contra estos lobos que nos acechan y con los del Seprona que tanto nos hostigan".

Ya se sabe que reunión de pastores, oveja muerta y así fue. Una oveja enferma y desvalida apareció despeñada de una roca en la que Mariano solía pasar los días enteros contemplando cuanta ignorancia tenía ante sus ojos. Era la oveja que siempre había protegido.

Los lobos tuvieron comida por unos días y los pastores llegaron a pensar que el peligro se había desvanecido. 

Mariano conocía que el hambre de los lobos regresaría y, para entonces, ya no tendría ovejas que ofertarles. Para no olvidar ningún detalle, llevaba apuntado en su bolsillo el nombre ordenado de los pastores que iría ofreciendo a los insaciables depredadores".


Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y, a pesar de los intentos, no se ha podido contrastar que el pastor Mariano, antes de despeñar a la oveja dijera, como se cuenta en algunos pueblos: "la mato, la mato la tengo que despeñar".


(1) Mañana es, en sentido figurado y real, 27 de noviembre de 2014.